Skip to content

Suburbios oscuros de la mente: Henriette Cornier

25 marzo, 2013

La historia de los delitos y la justicia es también, como demostró Foucault, uno de los aspectos más interesantes de la historia de la locura.

Hasta 1825, el proceder de la justicia parece sencillo: frente a un sospechoso, busca establecer las causas de su delito, y de no haberlas, busca que la psiquiatría establezca que cometió su delito en situación de locura.

Hasta 1825. Porque ese año una persona perfectamente lúcida comete sin ninguna razón un delito terrible. Esa persona fue Henriette Cornier.

Nacida en una familia honesta de Charité-sur-Loire, de veintisiete años, Henriette Cornier, nunca había sido denunciada por cualquiera de los actos que las leyes castigan. Había sido abandonada por su marido dos años atrás, y ella hizo lo mismo con sus dos hijos.

Esos dos años siguientes a la separación, su estado de ánimo había perdido su alegría, la tentación del suicidio la había seducido en varias ocasiones. Comenzó a trabajar como empleada doméstica de varias familias de Paris.

El 4 de noviembre de 1825, en ausencia de su amo, se fue a la tienda de un frutero llamado Belon, cuya esposa tenía en sus brazos a una niña de diecinueve meses. Henriette acarició a la niña y le preguntó a la madre si podía cuidarla durante un rato. La madre de la niña se resistió por un momento, ya que sabía de la tristeza y deseos de suicidio que Henriette había manifestado varias veces, inclusive ese mismo día. Henriette insistió con el pedido diciendo que cuidar a la niña la mantendría entretenida y la divertiría. La vecina dudó mucho, pero terminó por aceptar. Henriette Cornier llevó a la niña a su casa, a su habitación, a su cama, y ahí, con un gran cuchillo de cocina que había preparado por anticipado, cortó el cuello del bebé hasta separar completamente la cabeza del tronco. Colocó el cadáver en el suelo y permaneció un cuarto de hora contemplándolo, de un lado el cadáver y del otro la cabeza decapitada. Cuando la madre, preocupada, vino a reclamarle su hija, ella le declaró fríamente “su hija está muerta; márchese, servirá de testigo”. La madre intentó desesperada entrar al cuarto y, en ese momento, envolviendo la cabeza de la niña en un delantal, Henriette la arrojó por la ventana.

Dado que en ningún momento intentó huir, ni modificar la escena del crimen, fue detenida en el acto, se le preguntó: “¿por qué?” y siempre contestó: “Fue una idea”. No declaró nada más. Tuvo esa idea, y la ejecutó. Sin motivos, sin remordimientos, y sin locura.

El 24 de junio 1876, Henriette Cornier fue examinada por el Tribunal, no negó por un momento su crimen: un , brevemente articulado, fue su respuesta a todos los hechos conocidos.

Para la justicia, este fue un caso totalmente único e inesperado, para el cual no estaba preparada.

Procedió, al principio, intentando encontrar alguna causa para el delito. Por ejemplo, intentaron probar la posibilidad de que Henriette haya sido la amante del padre de la niña, buscando alguna prueba que lleve a pensar en un asesinato por venganza. No encontró nada de esto. No había, en síntesis, un móvil jurídico.

El problema estaba en que tampoco se podía hablar de locura en Henriette.

Estaba sobradamente claro que Henriette fue la asesina, y también, que no había motivos. Pero ¿Qué hacer cuando se presenta ante los tribunales una mujer que mata a una niña que apenas conocía, hija de gentes a las que no podía odiar o amar, que la decapita sin ser capaz de formular la más mínima razón para ello, que no intenta ocultar su crimen y que, no obstante, lo ha preparado, ha elegido el momento, se agenció un cuchillo y se ha preocupado de encontrar la ocasión para estar a solas con la víctima? Fue un acto voluntario, consciente y razonado, todo lo que es necesario para una condena en términos legales en alguien que hasta entonces no había manifestado ningún signo de locura y por tanto nada, ningún motivo, ningún interés, ninguna mala inclinación que permita determinar qué es lo que hay que castigar en la culpable. Se plantea la necesidad de condenar, pero no se ve la razón de por qué castigar. Habiéndose convertido entonces la razón del crimen en la razón de castigar ¿cómo castigar un crimen sin razón? Para castigar se necesita saber cuál es la naturaleza del culpable, su dureza de corazón, su maldad, sus intereses o sus inclinaciones. Pero si no se cuenta más que con el crimen por una parte, y con el autor por otra, la responsabilidad jurídica, seca y desnuda, autoriza formalmente el castigo, pero no puede darle un sentido. Había un delito y un culpable, pero no había absolutamente nada que permita condenarla.

Los jueces no percibieron legítimamente ningún interés razonable por ese crimen tan gratuitamente monstruoso y luego, se inclinaron hacia la psiquiatría y esto, a petición de la defensa. La peritación fue concedida inmediatamente y fue realizada por tres científicos eminentes de la época, Esquirol, Adelon y Léveillé que declararon en resumen: “tres meses después de su crimen, es decir en el momento en que la examinamos, no presenta ningún signo de locura, pero es también cierto que la examinamos sólo durante tres días”.

Se podría creer el asunto concluido y que los jueces van a juzgar descartando la locura. No hubo nada de eso; el ministerio fiscal decidió conceder a Esquirol tres meses suplementarios con el fin de que pueda presentar al tribunal un informe pericial más claro. El médico, tres meses más tarde, vuelve hacia el juez con la misma conclusión: “Nada, no hay en ella ningún signo manifiesto de demencia”.

Mientras tanto, el abogado defensor de Henriette Cornier había juzgado útil recurrir a otro psiquiatra, de apellido Marc. Éste iba a intentar reconsiderar la falta de motivo del crimen calificándola de presencia de la locura, es decir explicándolo a partir de una especie de enfermedad instintiva y esto, mientras que la acusación subrayaba por su parte la lucidez intrínseca del acto, insistía en la premeditación deducible del cuchillo oculto, de las mentiras a la vecina, de la simulación de ternura, etc. Para resumir, lo que para la acusación fue un acto de inmoralidad lúcida era para la defensa el surgimiento repentino de una pulsión monstruosa para la cual el abogado, Fournier de apellido, encontrará una serie de denominaciones sumamente interesantes: “dirección irresistible”, “deseo casi irresistible”, “inclinación atroz”, “pasión violenta”, “presencia de un agente extraordinario ajeno a las leyes de la organización humana” y para concluir “instinto”. Esta palabra surgida en el alegato de Fournier y en la consulta médica de Marc es a la verdad un calificativo nuevo que designa un objeto nuevo y en resumen irreductible al delirio de la locura. El acto sin motivo puede, en lo sucesivo, ser calificado de acto instintivo, de acto sostenido por una dinámica impulsiva y mórbida donde van a cruzarse y en cierto modo hacer coordinar la monstruosidad criminal y la locura patológica. Antes de ese cruce jurídico-médico, lo castigable era lo que se encontraba fuera de la demencia, es decir en la razón, pero lo judicial va a pedir a la psiquiatría que establezca razones fuera de la razón.

Marc fue clave, porque ideó una estrategia sumamente interesante para defender a Henriette. Los testigos señalaron que, antes del crimen, ella había manifestado tristeza, agitación, era habitualmente asustadiza y no confiaba sus penas sino de manera desganada. Esto es lo que posibilitó el diagnóstico –inventado por Marc- de monomanía homicida, algo así como la “incubación de la locura”. En otras palabras, Marc planteaba que Cornier no estaba loca, pero estaba “en camino” a serlo. La justicia se dio por satisfecha.

Defendida por un abogado experto, Henriette Cornier fue declarada culpable de asesinato no premeditado, bajo un impulso de la recientemente inventada “monomanía homicida”, y condenada a trabajos forzados de por vida. Ella oyó su sentencia sin mostrar ninguna emoción.

Anuncios

From → Personales

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: