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Una muerte más para la Filosofía

24 mayo, 2011

Luego de que Nietzsche demolió los cimientos del Idealismo, causando así la muerte de Dios, vinieron, como se sabe, otras muertes: la de las grandes ideas de la Modernidad, como la libertad, el progreso, la conciencia, la moral kantiana, etc., a las que se sumó la muerte del hombre, sentenciada por Foucault. 

Desde Nietzsche, en cambio, los filósofos que adhirieron a su postura tomaron como base cuasi científica e indiscutible la contradicción armónica entre Dionisos y Apolo como medio de explicación de los clásicos problemas filosóficos (por ejemplo, Giorgio Colli propuso una explicación del nacimiento de la filosofía a partir de esta oposición armónica). En otras palabras, se formó un nuevo Idolo, que esta vez no será ya un Dios único, sino una oposición, no ya hegeliana, –puesto que sólo la síntesis es en Hegel armónica–, sino armónica en todo momento. Más allá de la evolución del pensamiento filosófico que esto supone, me tomo la libertad de (d)enunciar una nueva sentencia de muerte, que creo no fue aún advertida. El modo de reflexión, la lógica contemporánea, a matado a Apolo. Desdibujó la armonía, elevando la importancia de uno de sus términos.

Pero ¿qué significa esto? ¿Acaso ha quedado solo Dionisos?. No. Dionisos no puede vivir sin Apolo: Dionisos lo somete, le obliga a hablar su lenguaje, y persiste sólo de esta manera. Sin embargo, Dionisos aún no ha muerto, sino que está agonizando. 

La filosofía actual parte sólo de las explicaciones más caóticas, no hay armonía que pueda tomarse como explicación siquiera parcial de los problemas filosóficos. La idea de “complejidad” rige el mundo de la filosofía, pero de forma engañosa, ya que, muerto Apolo, ninguna explicación es completa. Si sólo se ve a Dionisos como espejo textual del mundo, entonces todo es caos, y en el fondo del caos sólo reina la Nada. Y sobre la Nada, la filosofía se ve imposibilitada de construir seriamente. Todos los intentos de la filosofía de partir de la nada terminaron en dualismos e idealismos. Le ocurrió a Descartes, le ocurrió a Kant, le ocurrió a Marx. 

Sí. La muerte de Apolo sólo puede llevar a la filosofía a revivir a Dios. De poner algún absoluto en el lugar de la Nada. Se ve, así, en la encrucijada de, o retomar el Idealismo –y el estatismo que este supone–, o repensarse a sí misma como medio de reconstruir su función y su lógica de pensamiento, y retomar así el concepto de armonía, único camino para lograr establecerse no sólo como instrumento de crítica, sino también –y particularmente– de construcción.

Apolo y Dionisio

Las figuras de Apolo y Dionisio son también utilizadas para representar la comedia y la tragedia en el teatro.

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